¿Estás limpiando bien tu rostro?
Una rutina de limpieza facial puede perder su propósito cuando se incorporan productos o prácticas que no corresponden al tipo de piel. La frecuencia, el tipo de limpiador y la forma de aplicarlo son algunos de los aspectos que deben tomarse en cuenta para retirar impurezas sin afectar su equilibrio.
“Las necesidades de la piel pueden variar según factores como la edad, el clima, los tratamientos que se estén realizando o el estado de la barrera cutánea. Por ello, un producto que funciona para una persona no necesariamente tendrá el mismo efecto en otra”, explica Betty Fuentes, dermocosmiatra y docente de la Escuela de Belleza y Estética Carrión.
Entre los principales errores que suelen cometerse durante la limpieza facial en casa se encuentran:
- Seguir tendencias o recomendaciones de redes sociales: copiar rutinas puede llevar a utilizar productos que no son adecuados para el tipo de piel.
- Utilizar fórmulas agresivas: la sensación de resequedad después de la limpieza puede indicar que se están eliminando componentes protectores de la piel.
- Frotar demasiado: la limpieza debe realizarse con movimientos suaves para evitar someter la piel a una fricción innecesaria.
- Exfoliar con demasiada frecuencia: hacerlo en exceso puede afectar la capa superficial de la piel y generar descamación o mayor sensibilidad.
- Dormir con maquillaje: los restos de productos cosméticos pueden acumularse junto con el protector solar, el sudor, el sebo y las partículas del ambiente.
La elección del limpiador también debe responder a las características de cada tipo de piel. En pieles secas suelen preferirse fórmulas suaves, como cremas, leches o emulsiones. En pieles grasas pueden utilizarse geles o limpiadores orientados al control de la producción de sebo, sin eliminar la película protectora. En el caso de pieles sensibles o reactivas, se recomiendan opciones con menor potencial irritante.
Por la noche, es importante retirar adecuadamente el maquillaje o el protector solar antes de realizar la limpieza. Puede utilizarse primero agua micelar o una emulsión desmaquillante para remover estos productos y, posteriormente, un limpiador compatible con la piel.
La doble limpieza puede ser especialmente útil cuando se utiliza maquillaje de larga duración o productos de alta adherencia, como algunos protectores solares. Sin embargo, en una rutina habitual no es indispensable utilizar dos limpiadores.
“Una rutina efectiva no es necesariamente la que tiene más productos o más pasos, sino la que responde a las necesidades reales de la piel. La limpieza debe ayudar a retirar los residuos acumulados durante el día sin convertir ese cuidado en un proceso agresivo”, remarca la especialista de la Escuela de Belleza y Estética Carrión.
Si después de incorporar una rutina aparecen molestias o estas se mantienen con el tiempo, conviene simplificar los pasos y suspender temporalmente los productos potencialmente irritantes. Si las molestias son intensas, persisten o aparecen lesiones, se recomienda buscar una evaluación profesional.

